COVID-19 repercusión para las mujeres en la participación del mercado laboral en América Latina y el Caribe.

Por décadas Latinoamérica y el Caribe se han caracterizado por ser las regiones más desiguales del mundo y se han visto exacerbadas como resultado de la crisis por COVID-19, que ha afectado prácticamente a todo el mundo y poniendo en riesgo aún más a las personas vulnerables incluyendo a las mujeres.

Para introducir el tema de la desigualdad previa a la pandemia en el mercado laboral, las mujeres tenían el 54% de los empleos globales en hospedaje y en servicios de alimentos, los cuales se encuentran entre los sectores más afectados por la crisis, el 43% de los empleos en el comercio minorista y mayorista y el 46% en otros servicios, incluyendo el arte, la recreación y la administración pública. Además, 9 de cada 10 mujeres trabajaban media jornada debido a que cuidaban de sus niños y por otras razones relacionadas con la familia. El trabajo de media jornada es significativamente más común en ocupaciones de bajo salario, donde la mayoría del personal son mujeres y es menos común tener horas estables, más de 700 millones de mujeres trabajan en la economía informal, uno de los peores problemas que enfrenta Latinoamérica (y se estima que sus ingresos cayeron un 60% durante el primer mes de la pandemia). En general el empleo de las mujeres corre un 19% más de riesgo en comparación con el de los hombres dado que las mujeres solían tener una cantidad desproporcionada de trabajos no remunerados en América Latina.

Ahora, la pandemia, ha revertido los avances que la región había hecho en estos países en materia de igualdad de género. Como se mencionó anteriormente, las mujeres se han visto más afectadas que los hombres. El 72% de los trabajos domésticos, de los cuales el 80% son mujeres, que han perdido su trabajo a consecuencia de la pandemia, el 25% de las trabajadoras autónomas han perdido su empleo, en comparación con los hombes, con el 21%. Los trabajos de las mujeres son 1,8 veces más vulnerables a esta crisis que los trabajos de los hombres. Las mujeres representan el 39% del empleo mundial, pero representan el 54% de la pérdida total de empleos. Además, las mujeres se han visto más afectadas dado a que suelen trabajar en los sectores más vulnerables, lo que hace que sus trabajos sean 19% más vulnerables que el de los hombres (Madgavkar, White, Krishnan, Mahajan, Azcue, 2020).

Sin embargo, después de un extenso análisis e investigación, se han encontrado tres problemas principales y se propone una solución a cada uno de ellos. Los tres problemas son: la amenaza de la automatización y la digitalización, la carga de la atención no remunerada y el mercado informal.

Amenaza de automatización:

  • La Innovación tecnológica a través del aprendizaje automático. Es probable que la robótica y la inteligencia artificial automaticen muchas tareas y trabajos, mejorando así la productividad y liberando tiempo. La innovación tecnológica representa una oportunidad para la distribución del tiempo dedicado al trabajo remunerado y no remunerado, abordar la desigualdad en la división del trabajo doméstico y de cuidados entre mujeres y hombres, proporcionar tiempos para mejorar las competencias y el aprendizaje permanente, necesarios para aprovechar las oportunidades futuras.
  • Las tecnologías de automatización e intermediación que incluyen robots, tecnologías de la información y la comunicación, IA, plataformas de transporte compartido, plataformas de trabajo digitales y plataformas de alquiler de propiedades, tienen un efecto directo en el mercado laboral de la región.  Lo que es bueno para la igualdad de género también es bueno para la economía y la sociedad. El 62% (el país con menor impacto) de los empleos en República Dominicana y el 75% en Guatemala, podrían desaparecer como resultado de la automatización.
  • Se estima que el impacto de las tendencias de automatización a largo plazo en el mundo será de 40 millones a 160 millones de mujeres, del 7 al 24% de las empleadas actualmente, es posible que deban realizar la transición de una ocupación a otra para el 2030, ya que la automatización transforma la naturaleza del trabajo. (Banco Interamericano de Desarrollo, 2020).

Solución:

  • La capacitación y la correcta asignación de la mano de obra tiene un impacto positivo en el porcentaje de pérdida de puestos de trabajo. Por ejemplo, en los Estados Unidos, el cambio en la concentración en la mano de obra en nuevos sectores de la industria hizo que el impacto de la automatización en el empleo cayera del 47% a solo el 9% (Madgavkar, White, Krishnan, Mahajan, Azcue, 2020).

Carga del cuidado no remunerado:

  • La carga del cuidado no remunerado también afecta en los casos en que la demanda ha crecido sustancialmente durante la pandemia. Las mujeres están en la primera línea, ya que realizan en promedio el 75% del trabajo total del cuidado no remunerado en el mundo, incluido el cuidado de los niños, el cuidado de los ancianos, la cocina y la limpieza.
  • Las empresas que ahora están retrocediendo en la diversidad e inclusión, pueden estar colocándose en desventaja en términos de resiliencia y capacidad para recuperarse de la crisis actual; podrían estar limitando su acceso al talento, diversidad de habilidades, estilos de liderazgo y perspectivas. (Instituto de Investigación sobre Políticas de la Mujer, 2021).
  • Las mujeres tienden a dedicar más tiempo al trabajo doméstico no remunerado y al cuidado de la familia, mientras los hombres dedican más tiempo al trabajo remunerado. Esta distribución desigual de los tiempos crea barreras para el avance de la mujer en el trabajo y reduce la seguridad económica de esta.
  • La pobreza también ha aumentado durante la pandemia: ha intensificado la carga de trabajo doméstico y de cuidados no remunerados de las mujeres.

Soluciones:

  • Las políticas favorables para las familias, incluidos programas flexibles y programas de medio tiempo, para ayudar a los trabajadores que experimentan una mayor carga del cuidado de los niños durante la pandemia y más.
  • Una industria de cuidado infantil profesionalizada, con apoyo de financiamiento público, en países en desarrollo, donde la infraestructura de servicios sociales está menos desarrollada; esto no solo podría permitir que muchas mujeres trabajen, sino también crear empleos para otras.>
  • Desde el punto de vista del mercado laboral, el COVID-19 está acelerando el trabajo remoto y las plataformas de trabajo independientes. Esto podría ser una bendición para las mujeres, que pueden beneficiarse de la flexibilidad que ofrecen tales plataformas.
  • Garantizar licencias familiares remuneradas, días de enfermedad remunerados y vacaciones pagadas: invertir en políticas para licencias remuneradas que aborden las necesidades de tiempo del ciclo de vida puede aumentar potencialmente el PIB, al aumentar las tasas de participación en la mano de obra, especialmente para las mujeres.
  • Provisión de cuidado infantil o políticas tributarias financiadas por el empleador o el estado que alienten a ambos cónyuges a trabajar.
  • Licencia pagada por maternidad y paternidad para erradicar el estigma hacia las madres en la fuerza laboral.

Mercado informal:

  • América Latina está en la cima de los mercados informales, lo que dificulta mucho la gestión del mercado laboral.
  • La informalidad ha crecido en los últimos años en casi todos los países de América Latina y ha aumentado durante la pandemia por COVID-19. La informalidad también crea el problema de los no contribuyentes, que ha sido un gran vacío institucional en Latinoamérica. Agregando la corrupción del gobierno regional. Este es un problema, ya que la economía informal ofrece una estabilidad y un seguro limitado para la seguridad financiera, social y sanitaria (Madgavkar, White, Krishnan, Mahajan, Azcue, 2020).

Soluciones:

  • Regular el mercado informal, las leyes de algunos países de Latinoamérica, sí tienen regulaciones para el sector informal pero no se están aplicando, México, por ejemplo.
  • Los trabajadores subcontratados deben considerarse trabajadores formales. Deben tener seguridad social y sus beneficios contemplados por contrato.
  • Continuar impulsando el empoderamiento de las mujeres mediante la creación de instituciones de cooperación internacional. Incentivos y préstamos para que sean más accesibles para las mujeres emprendedoras.
  • Promover puestos de nivel superior para ser ocupados por mujeres. Esto abordará los sesgos de género en los procesos de reclutamiento y selección.
  • Mejorar el acceso al trabajo de calidad de medio tiempo y horas reducidas: Legislar para proporcionar a las trabajadoras que trabajan menos de 35 horas, el derecho a la igualdad de trato en materia de remuneración, ascensos y prestaciones, y para dar a las empleadas opciones para reducir sus horas sin tener que cambiar de empleo o de carrera, puede mejorar el acceso a un trabajo de medio tiempo de calidad.

La igualdad de género en un mercado laboral post pandémico es esencial, porque en un escenario regresivo de género en el que no se toman medidas para contrarrestar estos efectos, McKinsey estima que el crecimiento del PIB mundial podría ser de 1 billón de dólares más bajo en 2030 de lo que podría ser si el desempleo de las mujeres simplemente avanzara como el de los hombres en cada sector. Además, también ha establecido un fuerte vínculo entre la igualdad de género en la sociedad y la igualdad de género en el trabajo y ha demostrado que esta última no se puede lograr sin la primera (Madgavkar, White, Krishnan, Mahajan, Azcue, 2020). Los gobiernos y las empresas deben considerar como salvaguardar la educación de las niñas, concentrada en la recalificación, abordar la informalidad del mercado laboral y proteger la salud materna y los derechos de las mujeres al trabajo remunerado, por nombrar algunas cuestiones importantes.

La autora de este ensayo, Fernanda Ríos Herrera, ganadora del reconocimiento a “Mejor delegada” del comité ONU Women 2021, nos muestra la gran desigualdad que se presenta en los países latinoamericanos por la crisis actual, debido al COVID-19 y algunas soluciones que pueden ayudar a mitigarlo.

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